En construcción

Cuando una PyME empieza a crecer, la administración del personal deja de ser algo que se resuelve con hojas de cálculo improvisadas o procesos “heredados”. Aparecen nuevas obligaciones, cambios legales, pagos más complejos y una presión constante por cumplir sin errores. En ese punto, conceptos como outsourcing, insourcing o nómina tercerizada entran a la conversación… y también la confusión.
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Cuando una PyME empieza a crecer, la administración del personal deja de ser algo que se resuelve con hojas de cálculo improvisadas o procesos “heredados”. Aparecen nuevas obligaciones, cambios legales, pagos más complejos y una presión constante por cumplir sin errores. En ese punto, conceptos como outsourcing, insourcing o nómina tercerizada entran a la conversación… y también la confusión.

Encontrar a la persona correcta para un puesto se ha vuelto una de las tareas más complicadas para las PyMEs mexicanas. Vacantes abiertas por semanas, candidatos que desaparecen a mitad del proceso y contrataciones que no duran ni tres meses son señales claras de que algo no está funcionando.

Cuando una PyME empieza a crecer, la nómina deja de ser un simple trámite administrativo. De pronto aparecen dudas, correcciones de último momento, cambios en impuestos y un desgaste constante para quien lleva el control. No es falta de capacidad, es que la operación ya exige especialización. En ese punto, la maquila de nomina deja de verse como un gasto y empieza a entenderse como una herramienta estratégica.

El dinero no siempre se pierde de forma evidente, en muchas PyMEs, el problema no es la falta de ventas ni una mala estrategia comercial, sino pequeñas fugas internas que se repiten cada mes. La nómina se paga puntualmente, los empleados cumplen con su jornada y, aun así, el flujo de efectivo se siente cada vez más ajustado. Cuando esto sucede, suele haber un excedente de nómina operando sin que nadie lo note.